De "Vocho" a Porsche

 

Si te dijera que puedes pasar de tener un Vocho a un Porsche, ¿me creerías? ¿Parece imposible? No lo es. Te voy a contar la historia de esta transformación y espero poder inspirarte para lograr tus sueños, ya sea un auto, un viaje, una casa o lo que más deseo tengas, pero todo es alcanzable con dedicación y esfuerzo.

Yo nací en una familia de clase media, mis papás se esforzaban para que no faltara nada en la casa y la verdad no me puedo quejar, nunca vi carencias o que mi papá estuviera quejándose, siempre tenía una sonrisa en el rostro cuando nos sentábamos a la mesa a comer. Solo él sabía lo que pasaba por su mente, pero por la mía siempre estaba ese pensamiento de salir adelante para cumplir mi sueño de poderles regalar algún día una casa a mis padres.

Fue entonces que me puse a estudiar, a leer a investigar, a prepararme para la vida, no sabía qué estudiar con exactitud, pero lo que siempre supe y tuve muy claro era que yo quería hacer las cosas diferentes y no quería verme con problemas económicos o estar como el famoso “Godínez”.

Medicina, Leyes… Fueron carreras que en algún momento pasaron por mi mente, pero no fue hasta que me senté a charlar con un tío que empecé a caminar hacia un rumbo en específico. Mi tío Ángel era contador y muy apasionado de su trabajo, podía durar horas hablando de números, estadísticas, balances, etc. Yo en ese momento no entendía mucho, pero lo veía con gran admiración porque su trabajo era lo máximo, no lo escuchaba quejarse como mucha gente que no es feliz con lo que hace. Eso me llamó mucho la atención y me empecé a involucrar en la contaduría.

Fueron pasando los meses y conforme platicaba con mi tío Ángel me daba más cuenta de que quería ser contador, ayudar a las empresas a llevar sus finanzas de forma correcta y enseñar una cultura financiera que en México está un poco infectada por malos manejos y el pensamiento de “tengo 10 pesos y me gasto 15”.

Pensaba que al estudiar una carrera tendría más posibilidades de lograr ese sueño de regalarle una casa a mis padres, tomé la decisión y metí trámites para estudiar contaduría en el CUCEA, tenía que quedar porque no podía darme el lujo de pagarme una universidad privada y por eso tuve que estudiar día y noche para lograr ese primer paso.

Recuerdo que un día antes de que dijeran qué personas serían admitidas estaba muy nervioso pero confiado en que podía entrar, por mi cabeza siempre pasaban pensamientos positivos porque eso era lo que me habían enseñado en casa, pensar en grande y ver siempre el vaso “medio lleno”, en lugar de “medio vacío”.

Se llegó el día y empecé a buscar mi nombre en la lista, no me encontraba, sudada a chorros hasta que por fin me vi. Ahí estaba mi nombre, había sido admitido en la carrera de Contaduría Pública. ¡Estaba muy feliz! Fui a casa de mis padres, tenía unos cuantos pesos guardados, compré dos pizzas y las llevé para celebrar que había quedado.

El camino no fue sencillo, me tuve que enfrentar con situaciones que de repente te desmotivan: como maestros no comprometidos, compañeros que solo van a ver qué pasa en la escuela, desvelos para poder entregar tareas, perder camiones porque iban muy llenos, tener que levantarme más temprano para poder llegar al trabajo y luego a la escuela porque tomaba camión, y muchas cosas que de repente te cuestionas si realmente vale la pena seguir. Yo no me detuve y empujé más fuerte porque tenía un objetivo y hasta no lograrlo estaría en paz.

Había ocasiones que mi papá me prestaba un “vochito” que tenía para ir a la escuela, con la condición de yo ponerle gasolina, y como tenía poco dinero a veces le ponía 20 pesos para librarla, pero para mí era una chulada porque me facilitaba la vida al trabajar por las mañanas y estudiar por las tardes. Ahí fue que comenzó mi segundo objetivo, tener mi propio auto, un objetivo más alcanzable a corto plazo.

Trabajé duro y terminando la carrera pude comprarme mi primer carro del año, recuerdo que fui a la agencia, lo seleccioné y me fui manejando hasta mi casa feliz en mi nuevo Ibiza. Había cumplido uno de mis objetivos, pude darme cuenta de que fue alcanzable, no miento, fue complicado, pero la recompensa llegó y todo ese trabajo había valido la pena.

Pasó el tiempo y, aunque siempre he amado mi carrera, comencé a pensar que yo no me veía toda mi vida específicamente como contador y fue cuando me llegó la inspiración empresarial, lo cual resultó finalmente ser mi pasión.

Fue así como fundé mi primera empresa, utilicé las ganancias para crecer el negocio, sabía que los primeros años estaría llenos de sacrificios, horarios extendidos, nada de vacaciones, fines de semana en la oficina, pero ya era mi negocio y tenía que hacer que funcionara.

Fui creciendo en poco tiempo, ya no era solo una empresa, eran más de tres y mi pensamiento era el mismo, trabajo y sacrificio para seguir avanzando.

Una parte importante de mi crecimiento es mi esposa, ella siempre me ha empujado para dar ese salto, para tomar decisiones complicadas y cuando algo no sale como se esperaba, ahí está ella para darme un abrazo y decirme “para adelante”. Sin ella no habría avanzado tan lejos como hasta ahora, sin duda, somos un gran equipo.

Mi hijo también ha sido inspiración en mi camino, quiero que me vea como un ejemplo a seguir, que sepa que con trabajo duro se pueden lograr grandes cosas, parte de mi compromiso es enseñarle la cultura del emprendimiento, honestidad y empatía hacía las demás personas.

Si ya llegaron hasta aquí, se preguntarán: “¿En qué momento se compró el Porsche?” O “¿Si pudo regalarles la casa a sus papás?”.

Antes de contarte eso quería platicarte cómo es que sucedieron las cosas, que veas que todos pasamos por caminos complicados llenos de baches, pero si sabes cómo esquivarlos, no te harán daño. También que debes de tener un objetivo claro, ir de un punto A a un punto B, habrá desvíos, retrasos, pero tu objetivo es llegar a ese punto.

Para no extendernos mucho, mi objetivo principal era regalarles una casa a mis papás porque en donde vivíamos era rentada, y con mucha alegría en mis palabras te digo que lo logré, pude comprarles esa casa tan anhelada, ver sus rostros llenos de felicidad me llenó de orgullo y saber que estaba haciendo las cosas bien, que había perseguido ese objetivo y, a pesar de los obstáculos, había llegado.

Se podría decir entonces que mi primer carro fue un “vocho” prestado por mi papá, después pasé a un Ibiza que fue el primero que yo me compré, ahora poseo un Porsche y esto para nada lo cuento por presumir, es parte de las enseñanzas que nos da la vida, que con trabajo, esfuerzo, preparación y objetivos bien trazados puedes convertir ese “Vocho” en un “Porsche” o en el auto de tus sueños, lo importante es cambiar la mentalidad, pensar en grande para tener cosas grandes.

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